Desde pequeña sentía la necesidad de expresarme, hablaba mirandome al espejo simulando que mi peinilla era un micrófono, tenía 12 años y en cierta reunión familiar tuve el impulso de hablar frente a todos para hacer un brindis por navidad, creo que no dije más de diez palabras porque estaba muerta de nervios, sin embargo, en lo profundo de ese impulso se escondía mi verdadera vocación…